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LA GRAN USURPACIÓN Y EL GOBIERNO DE NADINE

Publicado: 2016-08-17

En un país -- que se dice – de “machistas”, parece una paradoja colosal, que su Gobierno, que al fin se ha ido, quien haya mandado no hubiese sido el hombre sino su mujer. No estoy seguro que cuando en el futuro los historiadores escriban sobre el período 2011-216 en el Perú, se referirán al Gobierno de Ollanta Humala ¿o de Nadine Heredia? Formalmente sin duda, fue el de un opaco comandante de nombre Ollanta; pero, en todo caso, convivió con un Gobierno “De Facto” ejercido por su cónyuge: Nadine, más conocida en los medios palaciegos como “La Jefa”. Ella decidía, él firmaba. Nada se hacía sin su aprobación. Todos le debían obediencia y respeto: funcionarios, ministros, congresistas y, por supuesto, quien osaba actuar contradiciendo sus órdenes o, por alguna razón, salía de la esfera de influencia de aquella mujer que no admitía que nadie le hiciera sombra, caía en desgracia.   

En ese período no se vivía en una dictadura derechista o izquierdista, en que los disidentes o quienes querían guardar su independencia, eran considerados réprobos; no, se decía que se vivía una “democracia” de acuerdo a la Constitución. Pero esta prescribía que los Poderes del Estado eran “independientes” y “autónomos”, y que los congresistas no están sujetos a “mandato imperativo”, igual: eran vetados o desaforados. Quien bajaba el dedo, era “La Jefa”.

¿Qué es lo que pudo suceder, si antes de treparse al Poder parecía ser ella la radical de izquierda, el cerebro de proyectos avanzados de inspiración social, para luego terminar en los brazos de la derecha y de la frivolidad social? ¿Y, lo que es mucho peor, empeñada en hacer fortuna personal por caminos nada “derechos”? Esta ambición determinó que ella y su marido, ante la presión mediática, se vieran atrapados en su laberinto financiero y, consecuentemente, tener que asistir a las citaciones de comisiones investigadoras del Congreso, del Ministerio Público o Poder judicial, dejando como actividad marginal la de gobernar. Orientado este, sobre todo, a mover los hilos en el Congreso, Gabinete y Administración Pública, que les permitiera controlar y mantenerse en el Poder en favor de sus propios fines, haciendo de su blindaje su objetivo prioritario hasta terminar con un mínimo de aprobación popular.

Poco a poco todo esto fue siendo conocido ante la incredulidad de alguna gente de buena fe y otra por falta de perspicacia e información política. Hubo un novel historiador, me parece, que llegó a afirmar que en el Perú “Nunca una mujer había sido atacada tanto por la derecha en un siglo”. Bueno, la habilidad de esta mujer para fingir, pudo llevar a muchos a engaño. Lo cierto es que el tiempo fue develando lo que, en un momento señalé, no era sino una Arpía a modo de ese engendro mitológico con rostro de mujer y cuerpo de ave de rapiña. Ha terminado su gobierno, pero todavía no sabemos cómo terminará ella y su “secuestrado psicológico”: Ollanta. Hay muchas cuentas que arreglar todavía.

“LA GRAN USURPACIÓN”, libro reciente de Omar Chehade, congresista, Vicepresidente de Humala, pero siempre abogado de él y de ella, antes y ya en Poder, no podía ser la persona más indicada y con conocimiento de causa, para descorrer la cortina que permitiera conocer los entretelones de la vida y milagros de la pareja Humala-Heredia, o al revés. En el libro ampliamente difundido en librerías y esquinas, se narra con lujo de detalles, con pelos y señales, circunstancias, fechas y personas, los acontecimientos e interioridades del gobierno que se fue. Solo viendo la fotografía de la reveladora carátula, puede cualquier ciudadano con mediano criterio, apreciar la magnitud del escándalo. Dice la leyenda: “La primera dama recibiendo explicaciones en sesión secreta sobre el diferendo marítimo con Chile del alto mando de las fuerzas armadas. Participan en la escena el Vicealmirante AP Carlos Tejada Mera Comandante General de la Marina; General de División Ricardo Ricardo Moncada Novoa Comandante General del Ejército; General del Aire Jaime Figueroa Olivos Comandante General de la FAP; General de División Leonel Cabrera Pino, Presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas”.

La pregunta elemental y patriótica es: ¿qué hacía esa señora, vestida de rojo, recibiendo explicaciones de los más altos jefes militares encargados de resguardar nuestra soberanía nacional? Que era la Primera Dama y eso ¿qué? Un trasnochado cargo decorativo para reuniones sociales o protocolares, que en algunos países todavía existe, para dedicarse a una labor de ayuda social, que, por supuesto, no proviene de ningún mandato popular ni tiene responsabilidad alguna, ¿puede merecer lo que habría que calificar de “grave infidencia” de los Jefes de nuestras FF.AA a una persona indebida que nada tenía que hacer en esa reunión según las normas correspondientes en cualquier Estado del mundo? ¿A alguien, con dos dedos de frente, se le ocurre que tan triste espectáculo se puede dar en EE.UU, Rusia, Francia, Cuba o Colombia, con las esposas de sus respectivos Jefes de Estado, sin que nadie diga nada? Absurdo. Pero dicha señora, de sonrisa estereotipada permanente y saludando al público como si ella fuera la Presidenta mientras su marido oficiaba invariablemente de chofer, se tomó, además, atribuciones increíbles como viajar a otros países en el avión presidencial y ser recibida con Honores que solo corresponden a los Jefes de Estado. Hechos vergonzosos consentidos y promovidos por su dócil esposo.

Su deseo desmedido de protagonismo y aparente amor de adolescente por su marido, la hacía aparecer agarrada de sus manos hasta en las ocasiones menos indicadas por las normas de protocolo o diplomáticas, tanto dentro como fuera del país. Desde el primer viaje oficial al exterior que fue a un país asiático, critiqué la presencia de doña Nadine como única mujer a un cónclave oficial cuyos integrantes eran dignatarios varones. Conociendo cómo son los asiáticos de respetuosos de las jerarquías y de las normas protocolares, me pareció un grave descuido de los diplomáticos peruanos que no hubiesen instruido a la pareja presidencial. Luego nos enteraríamos que los caprichos de “La Jefa”, también causaban dolores de cabeza a la Cancillería. En la juramentación de nuevos ministros, su innecesaria presencia de comienzo a fin especialmente a la hora del besamanos, hostigaba su inocultable deleite de que le rindieran pleitesía “sus” ministros, como les llamaba con ofensiva y detestable naturalidad. Tal como la difundida versión de que ella tenía que dar “luz verde” a los proyectos ministeriales.

No vamos a referirnos a cada caso que está en el libro, ni a la forma cómo ordenaba a los congresistas cual mandaderos, o las deslealtades que cometió hasta desbaratar a su partido y quedarse sola con un marido humillado a quien no tuvo empacho en darle las espaldas en una ceremonia pública y ante cámaras. Si alguna vez le asentó o no la mano, se sabrá si la infidencia del personal de servicio en el hogar se anima a hablar sin temor a pagar con su vida, como su seguridad Emerson Fasabi, de quien se dijo sustrajo las cuatro agendas en complicidad con otra empleada y luego apareció muerto en su habitación y llevado a su pueblo, sin cumplir ningún trámite de ley como la autopsia. Un capítulo de la historia recién comienza.


Escrito por

Sigifredo Orbegoso

Doctor en Derecho: Constitucionalista. Ha enseñado en varias Universidades especialmente en la UNT (Decano)


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Dejemos de hablar a media voz.

No siempre se llama al "pan pan y al vino vino", por razones de interés o compromisos de otra índole de los cuales yo carezco.