#CómoSalimosDeEsta

ALEPO Y TRUJILLO: UN PARECIDO

ALEPO Y TRUJILLO: UN PARECIDO

                                     ALEPO Y TRUJILLO: UN PARECIDO

Publicado: 2017-01-14


En Trujillo no estamos en guerra; pero en algunos casos parece que lo estuviésemos. Por ejemplo, el lugar en donde vivo, la calle - Manuel Tejada y aledañas, entre las Urbanizaciones Primavera y San Fernando – desde hace varias semanas parecen bombardeadas. Cerros de tierra y desmonte se arruman como consecuencia de haber sido removidas las pistas para cambiar desagües, poner nuevas pistas y veredas. Todo lo cual no estaría mal si no se hubiese esperado el fin de año, lo que ha significado pasar Navidad, Año Nuevo tragando tierra, con un ruido infernal de máquinas pesadas, sin poder sacar los automóviles, sin que los taxis pudieran circular y las personas, incluidos viejos y niños, para pasar de una calle a otra, tener que hacerlo sobre tablones o montículos corriendo grave peligro su integridad física.

Nos fuimos de vacaciones, “huyendo del mundanal ruido”. Regresamos pensando, ingenuamente, en que las cosas habían mejorado: grave error. Siguen igual y para rato. No es necesario ser ingeniero ni urbanista para darse cuenta que las “obras” tal como las están haciendo no han sido eficientemente planificadas, pues en muchos casos se han roto tubos de agua o que ya habían sido cambiados en etapa anterior. Pero hay algo que en nuestro país, de tercer o cuarto mundo, se ignora: en los países civilizados estas obras – por razones obvias -- se hacen con la mayor rapidez. Se trabaja incluso de noche, con suficientes hombres y equipo como para que los trabajos avancen y no con cuatros peones que hacen lo que pueden, guardan fiestas, sábados y domingos. No hablemos de las grandes ciudades donde una calle la remueven una noche y al otro día los carros están circulando. Dicen los encargados que así cuestan muy caro. Supongo, pero algo más rápido se podría hacer.

Pero el problema al que con énfasis me voy a referir resulta más triste y repugnante ante la inoperancia punible de las autoridades e indolencia de los vecinos. En efecto, acorralados como estábamos los residentes que salíamos en busca de alguna movilidad, teníamos que llegar hasta la Av. Valcárcel, pero ocurre que toda esa avenida, además, ha cerrado sus calles de acceso con “tranqueras” que las abren cuando quieren y en la noche con seguridad están cerradas. De modo que a veces solo hay una vía de acceso para que llegue uno a su domicilio. Ante este penoso panorama nos preguntamos: ¿Si hubiera un incendio o cualquier catástrofe que reclamara de la presencia de bomberos, patrulleros o esas inútiles camionetas del “serenazgo” que solo dan vueltas tocando claxon para justificar su existencia, cómo llegarían al lugar donde se les necesita? Después de ocurrida la tragedia, como siempre. Entonces vendrían luego, los lamentos y las investigaciones para “deslindar responsabilidades”. Que obviamente terminarían en nada. (“Larco Mar” es el último ejemplo)

Es curioso, para no decir trágico, en esta tarea de necesaria demolición pueden afectar parte de su casa, jardines, etc. sin embargo las “tranqueras” son intocables, pese a que impiden los trabajos. Son íconos sagrados, no obstante su carácter ilegal y atentatorio flagrante a la libertad constitucional de desplazaiento.. Desde luego que no nos estamos refiriendo a tranqueras especiales para playa de estacionamiento, aeropuertos (algunos) u otros lugares de accionar electrónico, además. No. Nos referimos a aquellas que pululan en urbanizaciones o calles, desde un tiempo a esta parte, y que resultan de la decisión de algunos vecinos colocarlas para, según ellos, “evitar los robos”. Más de una pregunta surge ante esa peregrina afirmación: ¿Quiénes son los expertos en seguridad urbana o estudios policiales que demuestren que las tranqueras impidan o disminuyan robos y asaltos? Nadie. Pues si así fuera habría que “enjaular” la ciudad o parte de ella, para “terminar” con los robos a casas, centros comerciales, calles, que todos los días vemos en TV y que no se hacen en camiones y tráilers, sino generalmente en motos y que las tranqueras no sirven para nada. Si esto fuera cierto, como creen algunos intonsos, ¿por qué en ningún país del mundo ese “sistema” es usado? En ningún país Latinoamericano existen, para no hablar de los del primer mundo, según mi propia experiencia. De este modo muchas calles que son propiedad pública, han sido enrejadas por sus vecinos convirtiéndolas en “su” propiedad y las han convertido en cocheras permanentes o campos para que jueguen pelota sus hijos, apropiándose de un terreno que es del Estado y, consecuentemente, aumentando el valor del predio. Alguna vez hablé con un alcalde y me dijo que la “gente lo pide”. Le contesté que un gobernante o una autoridad de verdad, está para conducir y no para hacer cualquier disparate que la gente le pida, sobre todo si afectan a los derechos de los demás y es ilegal. Aunque duela – hay que decirlo – vivimos en ciudades que cada vez más se asemejan “a corrales de ganado”, con parques igualmente enrejados donde nuestros niños no pueden divertirse sino tomarles fotos de lejos para recuerdo de haber “visto” un parque, pero no jugado en él ¿para qué sirven entonces? Es una vergüenza.

Hace años publiqué un artículo cuando recién comenzaron a sembrarse “rompemuelles” en la ciudad. Se titulaba: “TRUJILLO LA CIUDAD DE LA PRIMAVERA, LA MARINERA Y LOS ROMPEMUELLES”. Puse entonces también como ejemplo a los países en donde estas jibas no eran conocidas ni por el nombre. En Venezuela y Colombia a los choferes que me conducían en distintas oportunidades les declaré mi admiración por sus pistas porque no tenían “rompemuelles”; ambos me dijeron: “¿Qué es eso señor?” Les expliqué, y luego me contestaron “eso” solo existe en los pequeños pueblitos por donde pasa una carretera y no hay semáforos. Y añadieron: ¿Y Ud. de dónde es? Con la cabeza gacha les contesté: “del Perú”. In pectore, sentí que ambos dijeron: “con razón”. Ahora cuando paso, especialmente por la avenida Mansiche y veo esos “rompemuelles” hechos a lo bestia, para malograr los automóviles que son propiedad privada y la salud de los pasajeros que les afecta sobre todo las cervicales, me pregunto ¿en qué ciudad del mundo se podría permitir esto? Y mi respuesta es en ninguna, salvo Trujillo. Pero también en Lima en donde hace algún tiempo “El Comercio” publicó un informe que señalaba que más del 60% de “rompemuelles” eran ilegales. Además, se publicó un estudio técnico de los perjuicios que causaba a la máquina, al conductor, al tránsito y en el aspecto económico en las grandes inversiones del transporte, era totalmente negativo. Pero nadie hizo ni hará nada.

Esperamos que en estos momentos en que según Marco Aurelio Denegri y otros científicos especialistas, hablan ya de una involución de la inteligencia, no se les vaya a ocurrir a algunos vecinos la “brillante” idea cobrar PEAJE para entrar a algunas urbanizaciones. Entonces no tendremos guerras políticas o religiosas sino grupos que decidan terminar con estas cárceles en que se quieren convertir nuestras ciudades. Los problemas, que los hay, en los países civilizados se resuelven de otra manera. Aquí se aplica la lógica: “si le duele la cabeza y nada le hace bien, entonces córtesela”. De modo que, Sr. Alcalde Elidio Espinoza – “el policía” para sus enemigos - usted no ha inventado los “rompemuelles” ni las “tranqueras”, pero puede arrasar con estos obstáculos al tránsito que ponen en peligro la vida de las personas – y que hay que averiguar a quiénes benefician – y pasará usted a la historia de la ciudad prácticamente sin invertir nada. Trujillo debe dejar de ser un burgo feudal, más allá de sus élites arribistas o decadentes, pero cada vez menos cultas.


Escrito por

Sigifredo Orbegoso

Doctor en Derecho: Constitucionalista. Ha enseñado en varias Universidades especialmente en la UNT (Decano)


Publicado en

Dejemos de hablar a media voz.

No siempre se llama al "pan pan y al vino vino", por razones de interés o compromisos de otra índole de los cuales yo carezco.