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La foto corresponde a una recepción en la Municipalidad de Trujillo antes de que él fuera Premio Nobel

VARGAS LLOSA VACA SAGRADA, NO TAN SAGRADA

Publicado: 2017-04-07

En nuestros tiempos la fama y la publicidad, a veces obnubilan a la gente para juzgar a los que alcanzan - en buena o mala ley - un lugar preeminente en nuestra sociedad de consumo. En el campo científico en general y literario, el Premio Nobel es una presea mundialmente deseada, obviamente, por quienes son connotados exponentes en alguna rama del saber. Ese premio lo estableció Alfredo Nobel, Ing. Sueco, descubridor de la dinamita y en atención a que su invento, creado con fines pacíficos, también podía ser usado para la destrucción malévola y la guerra. Nobel quiso que esta distinción no solo se redujera a una medalla, sino fuera acompañada de una suma importante de dinero – 10 millones de coronas suecas – a fin de que los estudiosos o investigadores no tuvieran apremios económicos en su trabajo. Ellos deberían contribuir al progreso, a la paz y al bienestar de la Humanidad. Es evidente que el premio tiene una clara connotación ÉTICA: no se le debe otorgar a un truhan o a un pícaro por muy inteligente sea, que los hay. Y quien ha obtenido ese premio tiene la obligación de honrarlo y no usarlo en beneficio de objetivos ajenos a los que les son inherentes y que expresan el deseo de su ilustre donante. 

Con esta escueta premisa es más fácil comprender, más allá del relumbrón de las cámaras, las primeras páginas y las sociales de una prensa que asegura su noticia para vender, al ser humano que hay tras la notoriedad que le da poseer un codiciado premio. La apreciación comienza desde la vocación auténtica de un verdadero científico, literato o activista por la paz – que a veces importa toda una vida – quienes trabajan no en función de alcanzar un premio, ni coleccionar medallas ni distinciones. Ellos vienen solos como reconocimiento justo a sus méritos. En el caso del Premio Nobel se ha visto como a muchos de los destacados ganadores, el anuncio mundial de su triunfo los ha tomado por sorpresa. Pero también está la otra cara de la medalla: la de los que se han sentido merecedores y no han disimulado sus ansias de alcanzarlo. Pero algo más, han movido todos los recursos a su alcance para que los propongan o para hacerse notar y adoptar poses que supuestamente satisfarían algunas consideraciones para la evaluación de la Academia que lo discierne. En este lado encontramos a Marito, como lo llamaba su familia, que primero le toleró sus berrinches y luego, ya grandecito, sus ruindades. Muchas de ellas contadas por él mismo como material de sus narraciones, y otras que conocen una cantidad notable de amigos que son o fueron, o que las circunstancias en algún momento nos permitieron conocer.

La vida y milagros del Nobel arequipeño, conocida por la gente enterada, no pretendemos abordarla en esta breve nota, pero sí destacar algunos hechos que muestran su calidad humana, sus sentimientos nada altruistas de amor a su país y de lealtad con los demás. Ya en su reciente visita se muestra como un descastado, para quien el Perú ha sido su fuente de materia prima para hacer sus novelas, pero nada más. Él solo se siente cómodo en Europa y los países del primer mundo en los que vive. Por nuestra patria siempre está de visita, la que utiliza para pontificar sobre política y apadrinar a quien le parece bueno ya sea como candidato o como Presidente, para ignorarlos luego cuando caen en desgracia. Y, por supuesto, viene para que le rindan pleitesía y lo admiren, más en los círculos sociales que intelectuales en los que ya saben de qué pie cojea. Esta vez ha llegado en pleno desastre nacional sobre todo de Piura, ciudad en la que estudió algunos años y de la que toma un tema prostibulario para una de sus obras. Pero él que tanto dinero posee y tantas relaciones internacionales tiene, no se ha manifestado con un gesto para conseguir ayuda económica que tanto se necesita. No ha pasado de un lamento por la desgracia, como cualquier persona o visitante de paso. Él ha venido a festejar su cumpleaños y a donar libros para “su” biblioteca. Libros que, sin duda, le llegan por docenas todos los meses de editoriales y autores de todas partes del mundo y que no tiene en dónde ponerlos o ya los ha releído. Lo ha hecho acompañado de su elegante y acaudalada novia, que no está para visitar lugares en los que no haya Hotel de 5 Estrellas.

Luego - qué duda cabe - retornará a sus interminables viajes por las grandes ciudades del mundo para promocionar sus obras, dictar conferencias y dar entrevistas, todo lo cual tratándose de él, no cuesta poca cosa; el único que puede ganarle es Alan García. Cada artículo que sale en El País de España y que se reproducen en otros diarios o revistas, son los mejor pagados. Lo cierto es que en materia crematística no desperdicia nada: “Todo trigo es limosna”, mejor si viene por quintales. Más las regalías que recibe por la venta de sus obras, le permite tener cuentas “offshore” en los Paraísos fiscales, que luego son difíciles de ubicar. Se dirá, tampoco va a trabajar gratis: por supuesto. Pero a dónde vamos es a demostrar que ningún Nobel de literatura y mucho menos en ciencias, ha usado tan importante premio para promoverse económica, social y políticamente sin el menor recato. En una entente que muy bien supo aprovechar con los editores españoles con quienes hizo amistad personal desde el inicio, se ha convertido en un magnate de la industria editorial. De allí que ande siempre tan preocupado por la Libertad de Prensa y ataque implacablemente a todo gobierno que lo considere una amenaza. Si lo despojamos de todo ropaje de adalid de las libertades y defensor de la democracia, en el fondo lo que encontramos es a un cualquier Rockefeller, Morgan, Hochschild o, si se quiere, un Roque Benavides, defendiendo con ardor su mercado como todos los capitalistas. ¡Abajo! grita todo intervencionismo, todo control del Estado, toda planificación: que los productores cobren lo que quieran, que los monopolios farmacéuticos chilenos se pongan de acuerdo para subir los precios de las medicinas o estas varíen 30% de una farmacia a otra, etc. Habiendo división de Poderes basta, aunque todo sea un circo. Eso es democracia, no importa si la corrupción alcanza todos los niveles de los “elegidos”. Y el Estado un botín a repartirse equitativamente para ser democrático.

Me pregunto: ¿Por ventura, recuerden - o lean – cómo han vivido otros Nobel de Literatura, tal el caso del insigne Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Camilo José Cela, Saramago, etc.? Todos con dignidad y modestia propia de quienes deben exhibir grandeza moral. Lejos de toda ostentación y soberbia, ni les sedujo exhibirse en las vitrinas de publicidad. Fueron grandes escritores, maestros, pero nunca “marqueteros” de su propia obra. Ni usaron el premio para medrar de un tráfico de influencias internacional de posiciones políticas que fueron cambiando con el tiempo. Neruda resistió hasta la muerte inducida, se dice, víctima del odio de la reacción chilena. Y Don Miguel de Unamuno – sin ser Nobel - murió bajo detención domiciliaria sin doblegarse ante el franquismo. ¿Y el gran Vallejo? Ninguno ha usado la política para darse la gran vida. Varguitas como tantos otros “disidentes” luego de sacarle el jugo a la Revolución Cubana y a la Casa de las Américas, se fueron al otro bando sin disimulo. Y él, fiel a sus ambiciones, se ha erigido en el portaestandarte del Neoliberalismo a ultranza. “Dejar hacer, dejar pasar” en beneficio de los que tienen los medios de producción. Es decir, el “Estado Policía”, pero esta “novedad” de siglos pasados siquiera vale, pues el crimen y la inseguridad ciudadana convierte en insoportable la vida de la población, al menos en el Perú. Naturalmente poco le importa a él que reside en países en los cuales hay autoridad, ley y orden. Ahora dedicará todos sus esfuerzos para liquidar a Venezuela que se niega a dar el poder legítimo a los plutócratas de siempre.

En sus escala de ascenso a saltado o pisado muchas lealtades y consecuencias. Familiares que tanto lo mimaron, recibieron muy temprano la cachetada de sus caprichos hasta convertirse en un serio problema. Contra la desaprobación unánime se casó con su tía, Julia Urquidi, rompiendo barreras que dejaron muy maltrecha a la familia. ¿Y para qué? Emigró a París y fue allí donde al poco tiempo llegó su sobrina carnal Patricia Llosa, una menor de edad de 15 años de la que se enamora con una pasión que supera a la que tuvo con la tía; y da rienda suelta a sus instintos sin la menor consideración por su esposa y otra sobrina, Wanda, que también estaba con ellos. Ese infierno casi termina con el suicidio de la tía Julia. Este hecho es conocido, pero no la circunstancia y persona que evitó el desenlace fatal. Fue Hilda Gadea – primera esposa del Che - quien me contó, que estando hospedada en la casa de Mario al llegar una noche pasó por el dormitorio de Julia. La puerta estaba abierta y al ver a la tía Julia que emitía raros ronquidos, entró y vio como arrojaba espuma por la boca y estaba inconsciente. En el velador había un frasco de pastillas. Llamó a Marito y la llevaron a un hospital donde fue salvada de una muerte segura si Hilda no llega a tiempo.

Se casó con su sobrinita, tuvo varios hijos, siempre dedicó las mejores palabras para Patricia. El apoteosis llegó cuando en su discurso al recibir el Premio Nobel, insólitamente habla más de su cónyuge que de asuntos trascendentes, llegando al ditirambo de decir que sin ella él no sería nada: “El Perú es Patricia”, afirmó entre lágrimas. Increíble. Ahora dice que el año pasado al lado de Isabel ha sido “el más feliz de mi vida”. Su hijo Gonzalo al respecto ha replicado: “Para nosotros ha sido el más infeliz”. Otra familia destruida y que no lo pueden ver. Aplastada, humillada, como la anterior, por la fama del escribidor con fortuna, hasta ahora. ¿Pero qué pasará con Isabel Preyler? Era, sin duda, la mujer que ahora necesitaba: con relaciones sociales y políticas, aún bella sin ser joven, que se mueve en el alto mundo social, como el pez en el agua. Patricia, muy deteriorada ya, se ahogaba. Mario no tiene vocación de salvataje: lo que ya no le sirve lo descarta. Él siempre tiene que flotar. ¿Qué pasará con la socialité? Ya se ha hecho público que no le gusta eso de hacer deshacer maletas e ir a reuniones que no son las suyas. Él se divorció y ella es viuda con plata. El noviazgo no tiene cuando terminar. El tiempo pasa. ¿Quién se hartará primero de quién? ¡Si viviera la tía Julia! que en París trabajó para que su amado pudiera asistir a eventos literarios. En 1961pude conocerla, como a Mario, quien me invitó varias veces a su casa con Javier Heraud con quien retornábamos de un Festival de la URSS; pero como se lo dije en una oportunidad no pude ir: él era entonces un ilustre desconocido. Yo iba a estar pocos días en París, tenía que conocer lo que podía y hacer algunos contactos. Con Javier eran amigos en los círculos literarios de jóvenes peruanos y se vieron casi a diario. Entonces, el Marqués de Vargas Llosa, ciudadano español por voluntad y peruano por accidente, era más fidelista que el Che. Pero en este cambio de amores, de pasiones, de ideologías y lealtades, no me sorprendería que ya “in articulo mortis” abandone su agnosticismo y termine solicitando su incorporación a la prelatura del Opus Dei. Sería el final más adecuado de una vida conflictiva y codiciosa.


Escrito por

Sigifredo Orbegoso

Doctor en Derecho: Constitucionalista. Ha enseñado en varias Universidades especialmente en la UNT (Decano)


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Dejemos de hablar a media voz.

No siempre se llama al "pan pan y al vino vino", por razones de interés o compromisos de otra índole de los cuales yo carezco.