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El día que pude matar a Luis Alva Castro (I)

Publicado: 2018-02-08

En el Perú no siempre la vida política ha discurrido en un escenario de farándula y comedias, como generalmente sucede ahora. Ha existido drama, tragedia y capítulos de grandes tensiones entre el pueblo que luchaba contra la opresión de los grupos dominantes y una juventud rebelde que se erguía ante la prosternación de los mayores y retomaban las banderas de lucha. Entrar en Política era poner en riesgo vida y libertades. Hoy es un NEGOCIO más, según se puede deducir – para que no haya sospecha alguna – de las expresiones de sorpresa del Papa Francisco, quien luego de su visita al Perú, exclama que ¡cómo es posible que los 4 últimos presidentes del Perú sean reos condenados, contumaces o investigados por graves acusaciones!. Y algunos de ellos y conocidos políticos corruptos, pugnaban por tomarse una foto cerca de él. O besarle la mano sin éxito como le ocurrió a PPK. 

Sin otro preámbulo y como antecedente, señalemos que en el segundo tercio del Siglo pasado, surgió en el Perú, con proyecciones Latinoamericanas, la ALIANZA POPULAR REVOLUCIONARIA AMERICANA, (¿Chavismo?), fundada por el Sr. Víctor Raúl Haya de la Torre. Se convirtió luego – aprovechando la coyuntura histórica – en un gran partido de masas organizadas integradas por “trabajadores manuales e intelectuales” y dirigido por líderes de mucho talento y, especialmente, dispuestos a luchar en todos los campos incluyendo llegar al martirologio debido a la propuesta revolucionaria que enarbolaban y a las Dictaduras militares sanguinarias contra las que tenían que enfrentarse. Para el pueblo oprimido y para la juventud inconforme y rebelde, constituía todo un atractivo natural las hazañas como la Revolución de Trujillo (1932) que ellos habían protagonizado.

Casi toda mi generación perteneció a ese partido. Pero pasaron los años y ese gran movimiento revolucionario devino en una agrupación política que había trocado sus principios y sus metas políticas en motivo de transacción con las fuerzas reaccionarias, como los hechos históricos lo han demostrado en forma incuestionable. Dimos la batalla interna para enmendar rumbos, lo cual – personalmente - consideraba imposible. Y, por último, decidimos largarnos. Unos renunciamos, a otros los expulsaron; pero las afinidades ideológicas y de todo tipo estaban rotas. Nos fuimos casa aparte, constituyendo EL APRA REBELDE comandada por el joven abogado ex Presidente de la Federación Universitaria, LUIS DE LA PUENTE UCEDA, miembro de conocidas familias trujillanas, quien había estado preso y deportado como aprista.

No es el caso de entrar en detalles, lo cierto es que iniciamos una lucha permanente y ardua de recuperación ideológica y posiciones políticas que determinaron, obviamente, choques polémicos y refriegas violentas. En una de ellas, con motivo de la visita a Trujillo de Haya de la Torre - quien ya había contraído nupcias políticas con el presidente Manuel Prado – el Dr. De la Puente cuando el 11.03.61 se encontraba con varios dirigentes en la esquina de la Catedral, fue atacado por un grupo de maleantes contratados en el Callao. Ellos descendieron de una Combi blandiendo armas contundentes y portando probablemente también armas de fuego. Lucho se defendió, con los demás dirigentes, resultando muerto un sicario aprista y habían heridos por ambos bandos. (Algunos heridos apristas fueron ocultados por la policía para evitar ser identificados como maleantes) Como consecuencia, De la Puente estuvo un año y medio en la cárcel, pues finalmente en el proceso oral correspondiente se declaró fundada la Legítima Defensa con la que había actuado. Fui uno de sus abogados, estando aun recién recibido. Para entonces ya gobernaba el Perú la Junta Militar presidida por el General Ricardo Pérez Godoy. El día que fue leída la sentencia absolutoria, Lucho salió de la Corte Superior (16.08.62) en hombros de los estudiantes y la población que se dio cita, paseando al joven líder por la Plaza de Armas en una manifestación jubilosa.

Desde entonces, no pasarían ni 15 días, y mientras en las calles de Trujillo se respiraba una tensa calma, el Centro Federado de Derecho de la UNT, convoca a la “Juramentación de su nueva Junta Directiva”. El acto debía ser en el Paraninfo de la U. en la esquina de la Plaza de Armas, según la tradición. Como los jóvenes no están para reflexiones de cálculo diplomático, designaron al Dr. Luis de la Puente para que dé la Conferencia de fondo. LUCHO, quien era por naturaleza temerario, aceptó la invitación indicando que hablaría sobre “REFORMA AGRARIA”. El Programa incluía la Coronación de la Reina de la Facultad, que era la hija del profesor de Medicina Legal, Dr. Holguín, quien había casado con una dama española, pues él estudió en la madre Patria. Todo era lo tradicional, en estos casos. Sin embargo, para nuestros adversarios políticos y para otra gente, el acto público realizado en la UNT tenía otras connotaciones, por ejemplo era considerado una flagrante “provocación”. Las heridas apristas todavía estaban sangrantes. Pero no había marcha atrás, y no la hubo.

Llegó el día esperado. Los estudiantes estaban ansiosos de escuchar a su líder que les había dado una lección a los líderes “claudicantes”. El histórico Paraninfo estaba totalmente lleno. Hubo necesidad de poner parlantes para que la gente que no podía entrar escuchara desde el patio. Pues no poca gente de la calle también se dio cita. La convocatoria era para las 5 p.m. Llegado el momento y con la presencia del Decano, Dr. Candelario Mendoza, nos instalamos, además, los flamantes profesores Dr. Víctor Julio Ortecho y el autor de esta nota testimonial. Naturalmente estaba el Dr. Luis de la Puente invitado de honor y conferenciante. Todos los profesores, incluso vocales, habían sido invitados; pero ninguno fue. Sin duda ellos vieron y temieron lo que los jóvenes ignoraron.


Escrito por

Sigifredo Orbegoso

Doctor en Derecho: Constitucionalista. Ha enseñado en varias Universidades especialmente en la UNT (Decano)


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Dejemos de hablar a media voz.

No siempre se llama al "pan pan y al vino vino", por razones de interés o compromisos de otra índole de los cuales yo carezco.